sábado, 14 de octubre de 2006

CON VERSOS: Blanca Varela

La poeta peruana Blanca Varela ha sido galardonada este miércoles con el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca en su tercera edición, siendo la primera mujer en recibir el premio, tras Ángel González y José Emilio Pacheco, ganadores de los certámenes anteriores.



LECCIÓN DE ANATOMÍA
de Blanca Varela

más allá del dolor y del placer la carne
inescrutable
balbuceando su lenguaje de sombras y brumosos
colores

la carne convertida en paisaje
en tierra en tregua en acontecimiento
en pan inesperado y en miel
en orina en leche en abrasadora sospecha
en océano
en animal castigado
en evidencia y en olvido

viendo la carne tan cerrada y tan distante
me pregunto
qué hace allí la vida simulando

el cabello a veces tan cercano
que extravía el ojo en su espesura
las bisagras silenciosas cediendo
lagrimeando tornasol
y esa otra fronda inexplorada
en donde el tacto confunde
el día con la noche
fresca hermosa muerte a la mitad del lecho
donde los miembros mutilados retoñan
mientras la lengua gira como una estrella
flor de carne carnívora
entre los dientes de carbón

ah la voz gangosa entrecortada dulcísima del amor
saciándote saciándose saboreando el ciego bocado

los mondos los frágiles huesecillos del amor
ese fracaso ese hambre
esa tristeza futura
como el cielo de una jaula
la tierra gira
la carne permanece
cambia el paisaje
las horas se deshojan
es el mismo río que se aleja o se acerca
tedioso espejo con la misma gastada luna de yeso
que se esponja hasta llenar el horizonte
con su roñosa palidez

merodean las bestias del amor en esa ruina
florece gangrena del amor
todavía se agitan las tenazas elásticas
los pliegues insondables laten

reino de ventosas nacaradas
osario de mínimos pájaros

primavera de suaves gusanos agrios
como la bilis materna

más allá del dolor y del placer
la negra estirpe
el rojo prestigio
la mortal victoria de la carne.

domingo, 8 de octubre de 2006

POEMA DE AMOR

"Untitled". Abraham Brewster




POEMA DE AMOR

A menudo, el silencio es lo más fácil,
sobre todo si es viernes y has venido
otra vez hasta el ronco desengaño
de lo útil.
No voy a recordar
lo sublime, lo frágil, la palabra,
ni el sabor cotidiano de la lucha.
Callaré, desde luego, los matices
con que irrumpe la luz entre tus dedos
dibujado el color en su destreza,
tu manera de hacer lo impredecible
con un gesto conciso, casi humano.


Porque, a veces, la voz se delimita,
aunque griten las manos y sean labios
y preparen los besos como puños
y fracasen y vuelvan diminutas
al bolsillo.
Olvido ya el clamor
de la pausa adecuada a cada instante,
tu costumbre de andar desabrigada,
de inventar las excusas necesarias
- parecer despistada, por ejemplo -
la magnífica curva de tu forma
de soñar muy despacio, casi siendo.


La palabra también se queda quieta.
pero ahora se fue, como quien dice,
corrigiendo certezas a su paso.
No depende de ti porque no es tuya
la amistad que permite el desatino,
y otra vez culparemos a la edad
- juventud del amor equilibrista -
de saber la verdad y no sabernos
despertar.
También dos son multitud
y, aunque quiero decirlo, también callo
que te amé demasiado, casi nada.

David Hidalgo Vernalte