
DE CÓMO EL PEZ SE CONVIRTIÓ EN PESCADO
David Hidalgo Vernalte
A veces es bastante el mar, el cielo;
el mismo mar de ayer, tan semejante
al mismo cielo. A veces es bastante,
para la muerte, azar azul sin duelo.
Para la muerte a veces basta el vuelo
del brillo detenido en un instante;
para la muerte a veces es bastante
el tiempo suficiente y un anzuelo.
(Sin más gloria, termina así la historia
de cómo el pez se convirtió en pescado,
ya que, aun siendo tan corta su memoria,
tiene menos futuro que pasado:
en la lonja, la cifra decisoria,
la vida eterna a precio de mercado.)
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