En sus últimos trabajos, el artista Rafael Azofeifa trata la problemática de la condición humana en tiempos de globalización y saturación de información, donde los individuos se pierden detrás de los datos, convirtiéndose en sujetos reconocibles pero anónimos.
Las figuras son fruto de la globalización de piezas individuales. Cada pieza tiene un peso idéntico por separado, y no es nada si no es en el contexto. No hay un punto central, no hay una pieza más importante que otra. Todas pierden su importancia individual y el fruto final es sólo la suma de la aparente indiferencia de todas ellas.
El ser humano queda así sometido a los designios del azar representado por las cartas y los mecanismos sociales que hacen de la globalización un universo en el que lo colectivo diluye al individuo, despersonalizado entre los recovecos de lo cotidiano.
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